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Las aguas turbias son menos aterradoras para navegar cuando no estás solo.

sábado, 28 de agosto de 2010

Amar...!!!



¿Quién dice que para amar se necesita conocer a la persona diez años seguidos?, ¿qué acaso uno no puede amar a alguien con solo mirarlo un par de veces? ¿es menos sincero decir te amo a los veinte minutos de conocer a alguien que decirlo al cabo de un par de años?, ¿dónde estaba escrito que debía pasar años, meses, horas, minutos determinados para decirle honesta y sinceramente a la otra persona que la amas?, ¿acaso el amor es privativo o sinónimo de conocimiento, de relación duradera?, ¿qué pasa con quien vive con otro por diez, doce años y al cabo de estos se mira y mira al supuesto ser que ama y le dice: lo siento pero ya no te amo, o tal vez despierta un día y se dio cuenta que nunca la amo sino que solo pensó amarla?

PD: Esto lo lei en un escrito de una chica chilena que conoci en Twitter y me parecio que es cierto... para amar no hay un tiempo determinado ni tiene parametros de medicion que determine el momento exacto para amar

martes, 24 de agosto de 2010

¿Por que??


¿Por qué a las mujeres no nos regalan ni los carros supersónicos, ni el superhéroe con poderes intergalácticos, ni los juegos de computador, ni las pistolas de plástico, ni nada que nos invite siquiera a soñar con un futuro mejor? No, esos no son juguetes para niñas. Lo que no saben es que, en secreto no sólo los deseamos, sino que los usamos a escondidas de nuestros padres, cuando nuestro hermanito menor se durmió o cuando el primo de nuestra mejor amiga se descuidó. Porque la internacionalmente reconocida envidia femenina proviene precisamente de allí: de desear el juguete ajeno. Pero no, de nada valía manifestar abiertamente las ganas que teníamos de intercambiar nuestra Barbie manicurista por el Hee-Man de ellos.

Nosotras corríamos el riesgo que nos tildaran de mari machas, y ellos de gay, para que años más tarde terminemos intercambiando con las dizque metro sexuales hasta nuestras cremas anti-arrugas.

¿Entonces para qué nos dan malos ejemplos a través de los juguetes? ¿Para qué enseñarnos que los hombres deben ser de una manera y las mujeres de otra muy distinta, si en los tiempos que estamos viviendo todo es bi... bilingüe, bilateral, bisexual? Ahora pienso, que todo era un complot para someternos desde pequeñas, para engañarnos y que pensáramos que hacer oficio es divertidísimo. ¡Yupi!

O dígame usted ¿para qué demonios nos sirve la licuadora esa de las bolitas de icopor saltarinas, o la aspiradora que hace ruuun, o el juego trapeador y escoba que barre de verdad? Para nada, para hacer bulto en la cocina. ¿Para qué gastan su plata en cosas inoficiosas que lo único que logran es amargarnos la existencia? Y, eso sí, que ni se les ocurra regalarnos juguetes altamente tecnológicos y computarizados.

Pero insisto: ¿para qué sirve la muñeca esa cabezona que viene con su kit completo de maquillaje y peinado? Para que aprendamos a hacerlo nosotras mismas porque una peluquería, cortesía del marido, no la veremos ni en pintura. Así que toca aprender desde pequeñas a arreglárnosla como podamos. ¿Ese es tal vez el mensaje? O que aprendamos a ser estilistas, que junto a modistas y manicuristas es para lo único para lo que ellos creen que servimos.

En cambio a ellos... a ellos sí que los premiaban con buenos regalos. El caso es que desde pequeñas, no sólo nos enseñan a añorar, a desear... también a sentir envidia. Porque los juguetes de ellos, sí son mucho más divertidos que con los que nos encartan a nosotras. ¿Qué es lo que pretenden que aprendamos a través de los regalos que nos hacen cuando niñas? A ser unas mal pagas y subvaloradas amas de casa, o unas mamas frustradas.

¿Por qué creen que lo primero que le regalan a uno es una muñeca? Para que desde una temprana edad nos resignemos a que los bebés lloran, hacen popó y pipí, gastan pañales que da miedo, que entre otras son carísimos, y que son sólo nuestra responsabilidad. Porque mientras le hacemos al bebé la comida de mentiras, porque o si no hasta el bebé de mentiras se nos muere, ellos están en su carro supersónico recogiendo a la rubia platinada de medidas imposibles: ¡la Barbie! Y, es así como a nosotras en cambio, en vez del superhéroe o del popular G.I.Joe, nos toca conformarnos con el más inútil y patético de todos los juguetes: ¡El Ken!

El Ken, ese Adonis de plástico de mirada fija y vacía (como también vacíos están sus bolsillos porque todo es de la Barbie, ¿no?), el muñecón de facciones perfectas que ni suda, ni se despeina. Con ese mal ejemplo crecemos las mujeres en el mundo pensando que ese es el modelo del hombre perfecto: un perfecto idiota. Y si esos son los ejemplos que nos dan a seguir cuando niñas, pues entonces, ¿qué se podría esperar de nosotras cuando adultas? Además, ¿cómo defraudar a la mamá y no seguir sus pasos? Si ellas empezaron embarrándola casándose con nuestros papas. ¿Cómo les vamos a salir ahora defraudándolas consiguiéndonos, eso sí, un buen partido?

El caso es que el Ken, que en la vida de la Barbie sólo sirve para hacer visita en la sala rosada, de la casa rosada, llena de todas las demás Barbies vestidas, pues de rosado, al que sólo lo invitan a su casa, de visita y eso que es el marido de la popular muñeca.

¿Ese es el ejemplo a seguir? Eso es lo que quieren nuestras mamas para nuestro futuro: ¿al hombre adorno que no sirve para nada? El Ken, tan mal dotado que uno le baja los pantalones y ¡ahí no pasa nada! Por eso, desde pequeñas nos acostumbramos a conformarnos con tan poquito. Por eso nos encanta que la Barbie le ponga los cuernos al Ken con todos los muñecos del baúl: con el Increíble Hulk, con el Cabeza de papa y con todo el pelotón de soldaditos de plástico.

Tan mal dotado estará que la Barbie popularizó la inseminación artificial. Ante la ineficiencia procreadora de Ken, los bebés de la Barbie no se conciben, sospechosamente aparecen ya listos dentro de una cajita rosada en los supermercados. Aparte vienen en todos los colores y razas. ¡La Barbie es terrible!